Es hora de superar la visión binaria Estado-ciudadano, y comprender que la sociedad es un actor central. Las comunidades organizadas, los liderazgos sociales, los empresarios éticos, los jóvenes movilizados, los académicos comprometidos: todos tienen un papel que cumplir.
Por eso, se hace necesaria la construcción de un nuevo contrato social, basado en la corresponsabilidad. En este pacto, el Estado debe garantizar derechos, actuar con transparencia, y ser eficiente en el uso de los recursos públicos. El ciudadano, por su parte, debe participar activamente, cumplir la ley, y comprometerse con la cultura de la legalidad. Y la sociedad debe fomentar valores, educar en civismo, y ser un contrapeso ético y moral a los excesos del poder.
