FUENTE:

CT (RP) Bernardo Molina Otalora
Administrador Policial
TP 0205

Durante la última década, Ecuador ha emergido silenciosamente como una pieza clave del comercio mundial de drogas, con hasta un tercio de la producción récord de cocaína de Colombia ahora exportada a través de este país.

La cocaína producida en el sur de Colombia es traficada a Ecuador a través de las provincias fronterizas sin ley, de Esmeraldas y Sucumbíos por grupos mafiosos de las ex-FARC y El Cartel de Sinaloa de México que también ha hecho sentir su presencia.

Estas redes han penetrado en el Estado, contaminando las fuerzas de seguridad, el poder judicial y los más altos niveles de gobierno.

Se presta poca atención a Ecuador. La tasa de homicidios es baja y no existen carteles de la droga como los que han dominado el panorama criminal en México y Colombia. Sin embargo, Ecuador es una de las superautopistas de cocaína del mundo. Así le gusta al narcotráfico internacional algo de bajo perfil.

Más de un tercio de la floreciente producción de cocaína de Colombia ahora fluye hacia Ecuador, según fuentes antinarcóticos. Desde los puertos, costas y aeropuertos del país, se despacha a todo el mundo, con destino a Estados Unidos, Europa, Asia y Oceanía.

Detrás de este comercio hay un submundo complejo y fluido de grupos de especialistas y subcontratistas coordinados por los intermediarios de poderosas organizaciones transnacionales de narcotráfico y protegidos por redes de corrupción que penetran profundamente en el estado.

El papel de Ecuador en el tráfico de drogas se remonta a la década de 1980, cuando era una ruta de tránsito para la base de coca peruana traficada hacia Colombia, y sede de redes de tráfico de precursores químicos que abastecían a los laboratorios colombianos que procesaban esa base en cocaína.

Sin embargo, no fue sino hasta el cambio de siglo que el Ecuador emergió como la piedra angular de la cadena transnacional de suministro de cocaína.

Comenzó con la dolarización de la economía en respuesta a una crisis económica y política en 2000, que instantáneamente convirtió a Ecuador en el sueño de un lavado de dinero un país fronterizo con el mayor productor de cocaína del mundo que usa la moneda del mercado de cocaína más grande del mundo.

Casi al mismo tiempo, las operaciones intensas de las Fuerzas Armadas de Colombia y una fumigación aérea masiva de cultivos de coca en Colombia empujaban tanto a las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC como a los cultivos de coca hacia la frontera con Ecuador.

Las FARC establecieron el control sobre la producción de cocaína en la región y comenzaron a abastecer a los traficantes del Cartel del Norte del Valle, quienes abrieron rutas hacia y desde Ecuador. Los mexicanos pronto quisieron participar en la acción, y el líder del Cartel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”, ordenó a sus lugartenientes que establecieran sus propias redes en el país.

La convergencia de estas fuerzas criminales en Ecuador coincidió con un punto de inflexión en la historia política y criminal del país las elecciones presidenciales de 2006 que llevaron al poder a Rafael Correa.

La administración de Correa resultaría una paradoja. Supervisó una caída dramática en la violencia e incautaciones récord de drogas al mismo tiempo que trajo una era de estabilidad política sin precedentes. Pero su gobierno estuvo plagado de escándalos de narcotráfico, y su estilo de hombre fuerte debilitó la capacidad del Estado ecuatoriano y la sociedad civil para resistir el narcotráfico.

Uno de los primeros movimientos de Correa como presidente fue poner fin al arrendamiento de la base naval estadounidense en Manta, una promesa electoral hecha a las FARC a cambio de financiamiento de campaña, según comunicaciones recuperadas de la guerrilla, en los computadores incautados en la operación donde se dio de baja a Raúl Reyes uno de los comandantes de las FARC, aunque Correa niega tener conocimiento de esto. La decisión creó un enorme punto ciego en las aguas y cielos de Ecuador que pronto se llenó de narcotraficantes y aviones.

El cierre de Manta fue solo el comienzo de un enfoque antagónico de política exterior que vio a su gobierno pelear con Colombia y Estados Unidos. Como resultado, la cooperación antinarcóticos con los países de oferta y demanda entre los que se encuentra Ecuador se redujo al mínimo.

Las políticas internas de Correa también crearon un espacio para que floreciera el narcotráfico. Politizó el poder judicial, usándolo como una herramienta para derrotar a los opositores. También hizo que las fuerzas de seguridad y las unidades de inteligencia dejaran de combatir el crimen organizado y, en cambio, los volvió contra sus adversarios políticos, y amedrentó a la prensa y a los organismos de control no gubernamentales con su retórica feroz y sus acciones legales.

La administración de Correa redujo la resistencia de Ecuador al narcotráfico en un momento crucial. Más de una década después de su elección, Ecuador es ahora un refugio del crimen organizado y posiblemente el principal punto de despacho de cocaína fuera de Colombia.

Hay dos caminos que toma la cocaína a través de Ecuador la ruta del Pacífico y la ruta del Amazonas.

La ruta del Pacífico se abastece en gran parte de la cocaína producida en Nariño, el departamento fronterizo. Las drogas ingresan a Ecuador en pequeñas embarcaciones que navegan por las enmarañadas vías fluviales de la selva que convergen en el río Mataje que separa Nariño de la provincia ecuatoriana de Esmeraldas, o escondidas en vehículos que cruzan el puente internacional Rumichaca hacia la provincia de Carchi.

Los envíos se recogen en puntos de escondite cerca de la frontera. La droga que cruza a Esmeraldas se esconde en propiedades y playas que salpican el litoral esmeraldense, mientras que las cargas que transitan por Carchi se almacenan en fincas y estancias en la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas.

Luego, algunas cargas son movidas por botes que bordean la costa y se esconden en escarpadas ensenadas. La mayoría de las drogas, sin embargo, se transportan por carretera, escondidas en camiones comerciales, vehículos privados e incluso transporte público.

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